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Primer contacto:
Los médicos pediatras son los profesionales
que entran en contacto con el bebé sordo y sus padres desde el
primer momento.
Tienen el poder de orientar, de informar y muchas veces de definir el
futuro de los niños sordos. A partir del diagnóstico médico
se construye o se destruye, se alejan o se acercan los temores y las incertidumbres
de los padres. El médico acompaña a la familia y a partir
de la concepción que los médicos tengan de lo que implica
ser sordo, de su propia experiencia con la diferencia, favorecerán
o no el desarrollo del niño (Veinberg y Silinger, 2000).
En primer lugar, la medicina se ocupa de estudiar e investigar las causas
que llevan a la sordera para su prevención. La atención
se ha centrado en la prevención primaria mediante el control de
los antibióticos que se suministran, el seguimiento de las madres
de alto riesgo, el control de las infecciones maternas, las infecciones
en el bebé, etc.
La prevención secundaria, es decir, las estrategias para evitar
las consecuencias de la sordera no han recibido la atención necesaria.
Estas tienen que ver con el cuidado de las necesidades específicas
que tienen los sordos en la comunicación y con la concientización
de todos los grupos de la sociedad para contemplar y respetar los derechos
de los individuos sordos, como los de cualquier otro.
Dentro del área de la prevención se inscribe también
el análisis del rol del pediatra, sus sentimientos frente al niño
diferente y su familia, su enojo frente a la patología que no puede
ser reparada, dificultades que no pueden ser superadas y dificultades
que plantea la relación con los padres luego del diagnóstico.
Es importante analizar también cuáles son los fenómenos
que esto provoca en los médicos que han sido entrenados para curar,
sanar, restituir completar a sus pacientes y a sus padres cuando están
frente a una patología que anuncia que su cura será de difícil
cumplimiento. Seguramente ésta y otras situaciones en la relación
médico-paciente influyen en la poca importancia que tiene la formación
y la información para médicos de niños, sobre los
problemas de niños con discapacidades, la exclusión del
pediatra de los equipos interdisciplinarios ya sea por autoexclusión
o porque algún miembro del grupo se hace cargo de solucionar los
episodios agudos de enfermedad, sin tener en cuenta la importancia del
seguimiento longitudinal del niño y de su inclusión dentro
de los pacientes que consultan en salud sobre crisis evolutivas, vacunación,
trastornos de conducta, alimentación, resfríos, etc. (Silinger,
1994).
La detección temprana es otra de las áreas de interés
del campo médico: garantiza una mejor oportunidad para educar a
los padres y al bebé. Si los padres se enteran y se informan tempranamente
se podrán equipar o armar de estrategias para relacionarse y educar
a este hijo. La mirada médica de un niño sordo marca, en
gran medida, el futuro desarrollo de ese niño en todas las áreas.
Para tener en cuenta:
- Un niño sordo no es
un niño enfermo, es un niño que tiene características
particulares. A pesar de que hay algunas herramientas tecnológicas
que pueden ayudar al niño sordo a percibir algunos sonidos, no
existen hasta el momento “curas” para la sordera.
- Frecuentemente los médicos tratan al
niño sordo solo desde su sordera. Se corre el riesgo de relacionar
sus reacciones, su personalidad, su apetito, y todos los aspectos de
su salud sólo con su condición de sordo.
- Es fundamental que los médicos que trabajan
con niños conozcan la vida y el desarrollo de las personas sordas
adultas y el desarrollo del lenguaje de los niños sordos a partir
de la lengua de señas.
- Es importante que si el pediatra no sabe la
lengua de señas, utilice un intérprete en la consulta
con niños sordos y aliente a las instituciones de la salud a
contar con este servicio.
- La palabra del pediatra tiene una enorme fuerza
para la familia a la hora de tomar decisiones. Las recomendaciones que
los padres reciben del pediatra deben estar basadas en los derechos
de los niños.
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